Hay muchos factores que influyen en nuestro sueño, muchos más de los que pensamos. Los cuales son, en gran parte, consecuencia de la ajetreada vida llamada “la vida moderna”. En este post os traemos una pequeña recopilación de ellos para que podáis entender mejor vuestro descanso. Debes tener en cuenta que nuestro ritmo biológico es muy delicado y debemos tratarlo con respeto en todo momento.

Llevarte el trabajo a casa con tu móvil, ordenador… no ser realmente capaz de desconectar; la organización de las grandes ciudades, y un innumerable conjunto de elementos que caracterizan a las sociedades desarrolladas son la causa de que el insomnio sea una de las enfermedades más frecuentes entre los habitantes.

El tipo de estilo de vida que llevamos la sociedad en general no es nada sana: está rodeada de prisas, irritabilidad, nerviosismo, angustia, preocupaciones… Estamos sometidos a una variedad de presiones que lo mínimo a lo que afectan es a nuestro sueño.

Todo esto se refleja en el estado de nuestro sistema neurovegetativo. La influencia de las preocupaciones, los disgustos y las tensiones en nuestro cuerpo es fácil advertirla: inapetencia en el comer, rubor que no es, si no, una dilatación de los capilares de la cara, o palidez, que es una falta súbita de flujo sanguíneo provocado por el miedo. ¿Cómo no van a reflejarse todas estas alteraciones psíquicas en un mecanismo tan frágil como el que regula y asegura nuestro descanso?

Así, podemos encontrar diferentes causas del insomnio en las distintas esferas en las que mantenemos nuestras relaciones sociales. La raíz del conflicto se encuentra, muchas veces, en nosotros mismos. Lo tenemos en la vida familiar y en las relaciones sociales próximas: amigos, trabajo, relaciones amorosas y, también más allá aún, cuando miramos nuestros deseos de posición social. Siempre intentamos ir más allá, perseguir ese sueño y, algunas veces, puede llevar a una frustración que nos cause un conflicto interno.

A menudo, la sociedad nos obliga a llevar un ritmo que no podemos mantener, al que no podemos adaptarnos sin consecuencias negativas sobre nuestro organismo y nuestra mente y, por ende, en nuestro dormir.

Demasiadas veces, por imperativos que nos imponemos nosotros mismos por nuestro gusto o apetencias, llevamos una vida desordenada en todos los niveles: afectivo, físico o intelectual. En muchos casos, sometemos los delicados ritmos biológicos a unos cambios que no pueden por menos que ser nocivos a la larga y perjudicar nuestro sueño.

En otras ocasiones, es el tipo de trabajo que desarrollamos y, no ya nuestro propio gusto, el que nos obliga a llevar un ritmo desordenado o a realizar unos esfuerzos o a realizar unos esfuerzos que no tienen en cuenta el organismo y se sirven de él exageradamente. Debes tener en cuenta que todos estos factores que son externos e internos provocan un descanso pobre.

Nuestro consejo es que trates de llevar una vida más pausada, relajada, y aprendas a disfrutar de los momentos para desconectar. Eso hará que tu mente se libere de todo estrés y te sientas más sano. Y, por supuesto, duermas mejor.