Todas las personas, en alguna situación de su vida, puede haber roncado durante la noche, ya sea por un simple resfriado o por una postura inadecuada durante el sueño. El problema llega cuando roncar se convierte en un comportamiento habitual en tu vida, pues puede entorpecer el sueño de los que te rodean e incluso el tuyo propio.

Los ronquidos pueden estar relacionados con la edad, el tono muscular de la garganta, la forma del pasaje nasal, el paladar hendido, problemas nasales, exceso de peso, consumo de alcohol o de tabaco, e incluso con algunos medicamentos que influyen con las posturas al dormir. Si al roncar tienes la boca cerrada, se puede tratar de un problema en la lengua; si tienes la boca abierta, puede tratarse de un problema en la garganta; si cuando roncas te encuentras boca arriba, puede que la solución se encuentre en un simple cambio de hábitos del sueño y del estilo de vida; pero si roncamos durante toda la noche en cualquier posición, entonces se puede tratar de algo más serio, por lo que deberías acudir a tu médico del sueño.

Si tu problema está en el estilo de vida, existen algunos cambios que puedes realizar para ponerle solución. Si sufres de sobrepeso, debes tratar de perder peso por todos los medios, hacer ejercicio para tonificar los abdominales, los brazos y la garganta. Si eres fumador, debes tratar de dejarlo, pues el cigarrillo irrita las membranas de las mucosas generando que se bloquee el paso del aire. Evita beber alcohol, tomar pastillas para dormir o cualquier tipo de sedantes. Además, intenta mejorar tu postura para dormir, duerme de lado e intenta poner algo en tu espalda para evitar cambiar de postura mientras duermes.

Para dejar de roncar es importante que tomes nota de algunos consejos como mantener limpios tus pasajes nasales y, de esa forma poder respirar sin dificultad durante toda la noche. También puedes evitar que el aire de tu habitación esté muy seco. Además realiza algunos ejercicios para mejorar el tono muscular de la garganta: repite las vocales durante tres minutos al día, colocando la lengua sobre los dientes frontales, y deslízala hacia atrás durante tres minutos. Otro buen ejercicio es cerrar la boca y fruncir los labios durante treinta segundos, para luego abrir la boca contrayendo los músculos de la parte posterior de la garganta durante treinta segundos. Puedes aumentar estos ejercicios poco a poco y realizar varias repeticiones al día para obtener mejores resultados.